Si no tengo nada que escribir, no es que no haya nada que decir, sino todo lo contrario.
Creo que las palabras están apelotonadas en mi garganta y cualquier palabra que se salga del margen real y que dejen de perturban mis pensamientos marginales pueden dejar un hueco peor.
Estoy absorta de la indulgencia de su mal accionar, de sus actos sin son, estoy apesadumbrada y alarmada por algo que no quise que pasara. Estoy casi sin decir nada, estoy al borde de gritarlo, de gemirlo, de magullarlo, de vomitarlo, de expulsarlo. Pero creo que un saludo en la mejilla, preguntar su nombre, y guardarme la indignación, el orgullo, la pena y la rabia basto por hoy.
sábado, junio 5
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1 comentario:
Estos días hay mucho que se puede decir, pero al decirlas siempre termina siendo un autoatentado. Me pasa lo mismo que a ti estos días... debe ser el anuncio de un invierno muy frio
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