sábado, julio 25

Amurallado




Él se muestra al mundo diferente, casi inaccesible. Sus puertas están cerradas al mundo como un regimiento protege al castillo, como el castillo protege, en su interior, al indefenso. Murallas altas. Todo eso se camufla perfecto con su apariencia cálida y esa estela de luz que deja.

​Así lo conocí. Hablándome de cosas que parecían triviales, pero que eran la contraseña para entrar a su acorazada mente y alma. Me costó entenderlo; quizás algo en mí sintió temor de no dar con la respuesta, de no acceder, pero sin pensarlo entré a un capítulo de su vida: una serie vertiginosa, un vaivén de emociones e intensidad que, si no aprendes a escuchar, te devora. Pero el descubrimiento lo vale.

​Encontré a un hermoso gato de profundos ojos azules, infinitos como el cielo. Sus cabellos ensortijados se enredan en mis manos al acariciarlo; no sabe cuánta calma me da hacerlo. Es una pausa en el tiempo. Un respiro, un abrigo, un refugio.

​Siempre rodeados del ruido ajeno, coartamos los movimientos y las miradas para no incomodar con nuestra comodidad; sin embargo, cuando todos los ojos a nuestro alrededor se han apagado, la energía fluye. Hoy, por primera vez, pude sentir su ronroneo como un canto nocturno; hoy lo vi felino, pude sentir su calor y reforzar la idea de paz. Su piel pálida vibraba con cada abrazo, irradiando calor y empapándome de nerviosismo. Me gustó sentir la suavidad de su espalda, esa mezcla de inocencia y madurez.

​A ratos se dibujaba una figura masculina de la que trataba de huir. Ganas de arrancar no porque no la quisiera cerca, sino porque tenerla así mezclaba atmósferas. Aparecen preguntas y recordatorios que limitan con la realidad y me hacen tocar tierra. Vuelve el gatito a acurrucarse; podría pasar mucho tiempo así, en suspensión.

​Esto está mal, mas está perfecto. Respiro y decido salir de ese castillo antes de acostumbrarme.

jueves, agosto 12

Triatlón

 Mi cerebro está a punto de estallar. Me apresuro por ganar la carrera pero no me sé el camino. 

Me alientan a llegar a la meta pero mis pasos están confundidos. Estoy cansada y quiero agua, una pausa para una barra de cereal. 

Nunca había planteado la idea de cerrarlo, no porque no quisiera, sino porque pensé que ya estaba listo. Mi trabajo había concluido y yo había ganado.

Pero aparece nuevamente la meta, aparece allí y se ve simplemente abrumadora. No creo ser capaz de llegar, en mi cabeza lo había logrado tantas veces pero en realidad nunca fue así. 

Entonces ahora mi mente reflexiona, planifica, ordena, descarga. Mi pulso se detiene y se vuelve a agitar. Es un triatlón. 

Estuve sumergida por más de 30 segundos, cumplí mi récord y celebré por ello, olvidando que en el triatlón debo nadar y no aguantar.  Nadar 3 kms y avanzar, buscar la manera de cruzar el agua sin tragarla, llegar de un extremo al otro sin daños y llegando a la orilla pararme consciente de que la carrera continua. 

Yo estuve avanzando bajo el agua, aguantando la respiración y haciéndome daño.  Pensando que el viaje era bueno cuando lo pasaba mal y cuando llegué a la orilla me convencí de que no había pasado nada, que estaba mojada por mi sudor y no por el agua. Que el agua que estaba a mis espaldas lo cruza cualquiera y es normal sentirse muerta de cansancio.

Tomé mi respiro. Un buen respiro mientras botaba agua por la boca. Y así fui por mi bicicleta. Con una sensación amarga en mi, la bicicleta me ayudó a escapar de ese lugar. Sabía que más allá había una meta donde todo el esfuerzo habría logrado su cometido. 

Fueron 8 kms de bicicleta, un viaje tranquilo y amigable al inicio pero luego agotador y aburrido, con mi cuerpo cansado y una bicicleta que no me acompaña en absoluto. Seguía mojada, sólo que a simple vista no se notaba pero en el interior estaba muy mojada, incómoda, con frío.   Nadie en el camino se enteró de mi viaje, nadie hasta el kilómetro 5, cuando ya estaba a punto de tirar la toalla, entonces aparecieron mis primeros fans, que siguieron mi recorrido y me mandaban mensajes de apoyo.  Los 3 fanáticos que me daban energía, me siguieron inclusive en la carrera.

Ahora estoy en la carrera, no sé cuanto dura, pero veo la meta muy lejana. Quiero secarme para sentir calor, quiero cerrar los espacios vacíos llenos de agua aún. Quiero saber que no pasará nada malo en la meta, que podré descansar y estar tranquila.   Quiero creer que me esperan en la meta, no sólo mis 3 fanáticos, que para mí son mi acompañantes en el camino, sino también me espera un abrazo cálido festejando por mi victoria.  

El camino ha sido agotador, sin siquiera saberlo, he tenido accidentes, frustraciones y muchas superaciones.  Ha sido extenuante pero de verdad quiero creer que esta vez llegaré a la meta. 

Amurallado

Él se muestra al mundo diferente, casi inaccesible. Sus puertas están cerradas al mundo como un regimiento protege al castillo, como el cast...