Quizás faltó escupir al cielo, y habría acabado así la maravillosa tragedia de la paloma que volaba. Creo que el escupo llegaría tan lejos, que mojaría su ala, derribando al ave por completo.
"Detesto a esas ratas con alas. Me molestan esos bichos" - dijo quién amaba a los animales- "Detesto que vuelen sobre mi cabeza, y que de un momento a otro caguen, y por accidente me llegué a mi"- terminó de replicar él.
Según la experiencia de quién lo acompañaba, aclaró que todos los animales necesitan defecar, es parte de la naturaleza, parte del equilibrio. -"Por si no recuerdas, tú, al igual que la paloma, cagan. Es una necesitad. Quizás no eligen bien el lugar a veces, pero es tan necesario hacerlo, que lo hacen sin pensar mucho" aclaró el compañero.
Comprendiendo a la perfección lo que decía su amigo, se detuvo a pensar. [Puede que sea verdad lo que dice, pero a diferencia de las palomas, los humanos pensamos, y al darnos cuenta que hemos cometido un error, ya no lo volverán a repetir. Sólo si se dan cuenta. Las palomas no razonan, y aunque no es su culpa no pensar, las detesto por eso.]
"Tienes razón" -dijo luego-" Sé que la próxima vez cagaré cuando corresponda. Y sí, aunque siga detestando a las palomas por cagar en cualquier parte, como todo animal. Amo a los animales y debo comprender que es parte de su naturaleza y equilibrio. Gracias Mierda"
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