Primero leí una carta blanca,
luego leí la roja.
Guarde silencio un rato y me revolqué en la silla donde estaba sentada.
Mis pies se remecieron.
Guardé silencio.
Calo hondo en lo que llamo memoria, pero no lo suficiente para que me necesiten.
Hablar contigo, antes atractivo, luego obligado y ahora un gesto delicado.
Volver a caer.
Redes tramposas.
Cuida las cartas...
Te acusan.
viernes, septiembre 5
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