El día que se deje de pensar será el día de gloria, pero también el día de perdición. No tendremos que pensar si está correcto o no. Si traerá consecuencias o no. Si nos hará feliz o no. El día que dejemos de pensar, la mitad de mi estará feliz, estará contenta de que miles de luces apagadas que tengo en mi se iluminen, que iluminen mis zonas oscuras y pueda bailar sobre el pecho de la noche y del alba.
Pero el día que deje de pensar, tendré que asumir errores, decepciones y golpes. El día que deje de pensar lloraré más de todo lo que he llorado y caminaré descalza por piedrecillas.
De todas formas quiero dejar de pensar. Tan sólo para saber que se siente.
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